El Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid nunca había acogido un evento de este tipo. Cuando Royal Spirit Events anunció la fecha, los escépticos fueron muchos. Los que creyeron, llenaron el recinto en menos de cuarenta y ocho horas desde que se pusieron a la venta las entradas. Lo que ocurrió durante aquellas tres horas podría resumirse en una cifra: diez mil personas. Pero ningún número está a la altura de lo que se vivió.
Un Recinto Preparado para lo Extraordinario
El montaje comenzó setenta y dos horas antes de la apertura de puertas. Cuarenta técnicos, tres estructuras de iluminación y un sistema de sonido de setecientos kilovatios transformaron el Palacio en algo que se parecía más a una catedral contemporánea que a un pabellón deportivo. Los asistentes que llegaron pronto pudieron ver el proceso final de montaje desde la calle, y muchos de ellos ya relataron sentir algo especial antes de entrar.
Cuando el Silencio es Más Poderoso que el Sonido
Hubo un momento, alrededor de la segunda hora, en el que el equipo en el escenario dejó de tocar. No fue un corte técnico. Fue una decisión. Diez mil personas siguieron cantando durante cuatro minutos completos en el más absoluto silencio instrumental. Algunos de los técnicos de sonido afirmaron después que fue el momento de mayor intensidad en toda su carrera profesional. Nadie que estaba allí pudo describirlo con precisión. Unos dijeron que sintieron algo cálido. Otros que simplemente lloraron sin entender por qué.